Después de las devastadoras derrotas de 1814 y el fin de la Segunda República, Bolívar comprendió que la causa independentista no podía sobrevivir limitándose a Venezuela. Era necesario expandir la guerra y obtener recursos vitales para un nuevo ejército.
La maniobra fue tácticamente brillante, pues las fuerzas realistas en la Nueva Granada estaban confiadas en que la inmensidad de los Andes era un obstáculo insuperable.
El Cruce de los Andes es un testimonio de la tenacidad militar y la capacidad de Bolívar para transformar una desventaja geográfica en un arma de sorpresa.