La proclamación de independencia en 1811 no trajo consigo una paz inmediata; de hecho, encendió una guerra civil que pronto se convirtió en un conflicto internacional y brutal.
Impulsado por el Decreto y la victoria en la Campaña Admirable, Bolívar entró triunfante a Caracas, dando inicio a la Segunda República. Sin embargo, la reacción realista fue rápida y aterradora, con graves consecuencias militares.
El exilio y la derrota llevaron a Bolívar a una profunda reflexión sobre la necesidad de involucrar a todos los sectores sociales en la lucha y de buscar una base de operaciones sólida.
Con la retaguardia asegurada en la Nueva Granada y un ejército renovado, Bolívar regresó a Venezuela para la confrontación decisiva.